Yo, mi, me, con..miga

miércoles, 19 de octubre de 2016

Cien bufandas verdes



En la década del treinta del siglo XX existía una anciana que desde niña ejercía el oficio de tejedora, creo que de sus ochenta años de vida, 70 años los pasó tejiendo su prenda favorita “bufandas “.
Azucena, así se llamaba la anciana de interminables arrugas que cruzaban su rostro, arrugas paradójicamente tejidas por las manos del tiempo.
La abuela estaba cansada de vivir, las causas, su esposo y fiel compañero había fallecido hacía dos años.
Sin hijos, ni parientes, solo tenía la esperanza de un final sin sufrimientos y así reencontrarse con su amado esposo.
Situándonos  en su época y a través de los ojos del tiempo, vemos a la vieja Azucena tejiendo sin descanso, su décima bufanda.

Un extraño cliente de mirada penetrante, larga cabellera y abundante barba le ha encargado cien de ellas de color verde y con suma urgencia.
Mientras teje, como de costumbre sus 10 horas diarias, intenta descifrar porque ese enigmático caballero le ha encargado tantas bufandas de color verde.

Su imaginación vuela en cada punto que hilvanan sus agujas, preguntándose
¿Quién es ese ser que la ha contratado?
Intuye que no es de este mundo.

 Las madejas verdes que alfombran el piso del cuarto van desgastando su circunferencia, ella teje intrigada.
No está sola, la radio, su compañera desde que se inventó, emite esa música clásica que tanto le agrada, se mece a su compás.
Mientras teje, parece dibujar sin reparar, una danza lúgubre que la va envolviendo.

Cien bufandas verdes, cuentan que el verde es esperanza.
Para Azucena es un sudario que la rodea en cada una que compone.

Cuando llega a las cien, las agujas se deslizan de sus manos, hasta reposar sobre el suelo.
Azucena serenamente dormita sobre su asiento, el hombre de larga cabellera y abundante barba toma su mano  y ella despierta.
Juntos recorren un trayecto luminoso perdiéndose en el resplandor que irradia el pasaje.






hfmotero





Ojalá llegado el día, sea tan dulce como en este cuento......
Y que antes de terminar nuestras 100 bufandas hayamos visto cumplidos todos nuestros sueños.

Buen día.

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